La palma del corazón

Llámame conformista porque toda mi felicidad cabe en una puesta de sol, en un rebaño de ovejas, en la bondad de mi perro, en las risas compartidas, en una mirada cómplice, en unos zapatos cómodos, en fruta recién cortada, la contorsión de un gato, el olor a campo, el tequiero de mis hijos, las canciones en el coche, un libro de segunda mano, la ilusión por mis próximos viajes.

Llámame ingenua, sí, porque no tengo necesidad de competir, ni de poseer, ni de controlar, ni de convencer, ni de saber lo que de mí hablan a mis espaldas.
Llámame inmadura porque cambio de opinión y lo confieso sin complejo ni alharaca, porque redefino mi rumbo y me reinvento cada vez que lo creo oportuno.
Llámame rara porque no me conoces ni puedes llegar a conocerme y tus expectativas sobre mí se ven obligadas a saltar por los aires; porque soy mi cara, mi cruz y mundos infinitos en colisión permanente. Porque callo mientras mis ideas se precipitan en cascada desde mi mente, porque aparento seriedad cuando la algarabía en mi interior no cesa y la música mantiene en perpetua danza la sonrisa de mi alma.

Llámame ilusa porque disfruto mi ignorancia infinita convertida en infinitas oportunidades de seguir aprendiendo…Llámame conformista porque toda la felicidad me cabe en la palma del corazón.

Mi fe

No estalló mi fe para negar la fe; hay explosiones que multiplican, que enderezan laberintos, que sacan las piedras de la tripa del lobo, carnívoro por naturaleza y no por maldad.

Cordero divino que quita el pecado del mundo, no te mando tener piedad porque no soy quien para darte órdenes.   

No estalló mi fe para desvanecerse; hay explosiones que desgranan la energía contenida en infinitos universos de colores. Mordí la magia en mi manzana para no morir de hambre o de locura.

Cordero divino, no solo de fe vive el embaucador.   

No estalló mi fe —que no era mía— para enterrar la fe; hay explosiones que empujan ventanas y alumbran caminos de parto continuo. Incesante milagro que no necesita creer ciegamente porque tiene ojos y piel en guardia.

Cordero divino que viste a los lirios del campo, soñamos que estamos desnudos y el pudor nos paraliza.

    No estalló mi fe para desempolvar mensajes sin idioma; hay explosiones que te cosen las alas. No volveré a usar trajes confeccionados con medidas de otras almas y agujas de papel.

Cordero divino que no lanza piedras a lo loco…

No estalló mi fe para acumular maná para mañana; hay incertidumbres como bocanadas de oxígeno puro. Hay certeza, hay descanso y hay libertad en la ignorancia consciente.


Cordero divino, me asusta más la virulencia agazapada en la sonrisa del borrego que la ferocidad del cielo. Cordero divino, que entra al templo de los mercaderes de la fe látigo en mano, hay rumores de que quieren secuestrarte… ¡más vale salir corriendo!

No estalló mi fe para dar respuestas con corbata; estalló mi fe para hacer preguntas en sandalias. Hay explosiones que te llevan de vuelta a casa.

Cuando muera el hielo

Morirá el hielo
y esparciremos sus cenizas
sobre nuestros labios
resquebrajados,
heridos por la sed.

Llegará el deshielo
con su fiesta
de charcos y brotes.
Nadaré en tu agua entonces
y me tenderás
tu cielo para volar.

Caminaré descalza
sobre la mullida calidez
de tu arena.
Morirá tu ausencia
y brindaremos
con licor de besos
apurando las gotas de las gotas.

El hielo se irá
llevándose el frío
que muerde
mis huesos entumecidos.
Arropará tu alma desnuda
mi piel erizada.

Porque morirá el hielo
abrasado entre tus llamas,
morirá en mi estío
la gélida espera
a manos de tu sol.

Restos de luna

Levanto mis ojos al cielo,
me salpican los restos de luna
que le han sobrado a la noche.
Respiro los colores en suspenso
del único amanecer que tendrá este día.
Sonríen los trinos, borrachos de Vida.


Me dejo arrastrar por las olas
del momento irrepetible,
lleno mi cesta de instantes y sensaciones.
Se ensanchan mis pulmones en cada inspiración;
buscan hueco en mi alma, que se expande
al ritmo del universo
en su incesante peregrinación hacia la infinitud.
Sin límites, sin dualidad,
una con lo Eterno.

Rebosante de preguntas, ebria de misterios,
expectante, entusiasmada,
levanto la mirada.
Me salpican los restos de luna
que le han sobrado a la noche.
Agradezco.
Alzo mis ojos al cielo,
me salpica mi reflejo,
tan mío como cada nueva madrugada.
Amanezco.

Te invito a verbos

¡Ven!

Acompáñame esta tarde…

invito a verbos.

Aparca tu soledad junto a la mía

deseando que no estén cuando volvamos.

Disolvamos prejuicios y deberes

en una taza de café con letras.

Te quiero a cambio solo hecho risa.

Seamos creadores de historias

reales e inventadas,

tan ciertas como los recuerdos

de nuestra mala memoria.

Apoya en el hombro de mi locura

tu sensatez delirante.

Te ofrezco mi poesía envuelta en carcajadas.

Que el verbo puede ser también callar;

que el verbo sea ser libres de mil nudos;

que el verbo sea soñar despiertos.

Te pido a cambio solo tus palabras.

Que el verbo sea sentir y sea cantar,

que el verbo sea leernos las pasiones.

Te busco a cambio solo ritmo y danza.

Que el verbo seas tú,

y el verbo sea yo,

nosotros sin anillos,

nosotros sin relojes,

sin promesas ni destinos.

¡Ven!

Te ofrezco el alquitrán bajo las ruedas,

fumemos el polvo de cien caminos

que esperan posando para nosotros…

Porque hay un nosotros hecho verbo,

hecho caminos de asfalto, música y arena,

y fotos de atardeceres con soles naranjas.

¡Ven!  ¡Suelta la cuerda!

…Que te espero dentro de un reloj

de agujas desgastadas,

sin ruedas ni caminos ni letras

ni ritmo ni pasiones.

¡Maldigo tu cordura!

Y el verbo se me muere

ahogado por anillos y promesas

y deberes y destinos

y tu estúpida apatía… ¡y tu yo!

secuestrado por días insípidos

que se pegan a tu lengua

olvidada de matices.

Entre acordes de guitarra

te pido a cambio solo que seas libre.

¡Ven!

Prometo sazonar de libros

y de ideas y de planes y de retos

el resto de tus lunas.

Te entrego solo a cambio ese verbo

que todo lo engendró

entre nosotros.