Carro de batalla

¿Qué compro? ¿Para qué lo compro? ¿Dónde ha sido elaborado/recolectado? ¿Bajo qué condiciones laborales y medioambientales? …
Los eslabones de la cadena productiva y de comercialización están manchados muchas veces de vulneración de derechos, trabajo infantil, sobreexplotación de recursos naturales y contaminación ambiental.
En un mundo globalizado y mercantilizado, la justicia social, económica y medioambiental pasa por la ética en las relaciones comerciales.
Comprar un producto que ha sido fabricado a muchos miles de kilómetros y dejar de comprarlo a los productores de mi entorno inmediato, ¿a quién perjudica?, ¿a quién beneficia?, ¿cuáles son las consecuencias ecológicas de tales desplazamientos?
Ahora que tanto usamos el verbo “empoderarse”, vamos a empoderarnos de nuestro propio consumo, compremos con cabeza y buen criterio. Dejemos de ser “consumi-dores” pasivoinfantiloides caprichosos para convertirnos en “consumo-actores” responsables. Por ética y por justicia.

Teoría

Qué bonica la teoría, tan estructuradita ella; con sus puntos, sus comas, sus párrafos separados por espacios, su esmerada caligrafía.
Qué elocuentes los consejos cargados de buenas intenciones y palmaditas en la espalda (¡sí se puede!).
¡Da gusto!
Qué puñalada trapera la práctica… ¡Ay la práctica! Plagada de tachones, incoherencias gramaticales y desaguisados semánticos. Nada de releer ante la duda, te llevas el bofetón antes de que reacciones.
Sin tiempo para consultar el manual o preguntar al sabio consejero, te ves a solas con esas monísimas vocecitas enfrentadas sobre cada uno de tus hombros.
Aun así, mejor practicar con una buena base teórica. Al fin y al cabo la improvisación se alimenta de todo lo que encuentra dentro de nosotros.

te qUIERO mUERTO

Justificar la tortura nos envilece…

¡Te quiero muerto!
…Porque te amo, te quiero muerto.
Porque admiro tu porte y tu soberbia.
Te quiero muerto y HUMILLADO,
te quiero arrodillado y confundido.
Tu AGONÍA y mi valor van de la mano.

¡Qué sabrán ellos de arte!
…De la danza de tu cuerpo
ensangrentado a media asta,
al ritmo que le marca
mi batuta justiciera;
De la honra que reciben
tus miembros mutilados
en mis manos orgullosas.
“VERDUGO sin capucha”…
“Circo romano sin César”…
“VERGÜENZA” dicen
quienes no sirven a tu mesa cada día.
¡Mi vida he consagrado
a la causa de tu estirpe!
Solo yo,
en tu hora de TORMENTO placentero,
siento en mi piel excitada
la gratitud que rebosas,
manando a borbollones
de la que fue tu bravura.
En tu suplicio jadeante
el arte y el amor se hacen sublimes.
Porque te amo…
Es tanto lo que te quiero,
que todo lo que quiero
es verte MUERTO.

La palma del corazón

Llámame conformista porque toda mi felicidad cabe en una puesta de sol, en un rebaño de ovejas, en la bondad de mi perro, en las risas compartidas, en una mirada cómplice, en unos zapatos cómodos, en fruta recién cortada, la contorsión de un gato, el olor a campo, el tequiero de mis hijos, las canciones en el coche, un libro de segunda mano, la ilusión por mis próximos viajes.

Llámame ingenua, sí, porque no tengo necesidad de competir, ni de poseer, ni de controlar, ni de convencer, ni de saber lo que de mí hablan a mis espaldas.
Llámame inmadura porque cambio de opinión y lo confieso sin complejo ni alharaca, porque redefino mi rumbo y me reinvento cada vez que lo creo oportuno.
Llámame rara porque no me conoces ni puedes llegar a conocerme y tus expectativas sobre mí se ven obligadas a saltar por los aires; porque soy mi cara, mi cruz y mundos infinitos en colisión permanente. Porque callo mientras mis ideas se precipitan en cascada desde mi mente, porque aparento seriedad cuando la algarabía en mi interior no cesa y la música mantiene en perpetua danza la sonrisa de mi alma.

Llámame ilusa porque disfruto mi ignorancia infinita convertida en infinitas oportunidades de seguir aprendiendo…Llámame conformista porque toda la felicidad me cabe en la palma del corazón.

Mi fe

No estalló mi fe para negar la fe; hay explosiones que multiplican, que enderezan laberintos, que sacan las piedras de la tripa del lobo, carnívoro por naturaleza y no por maldad.

Cordero divino que quita el pecado del mundo, no te mando tener piedad porque no soy quien para darte órdenes.   

No estalló mi fe para desvanecerse; hay explosiones que desgranan la energía contenida en infinitos universos de colores. Mordí la magia en mi manzana para no morir de hambre o de locura.

Cordero divino, no solo de fe vive el embaucador.   

No estalló mi fe —que no era mía— para enterrar la fe; hay explosiones que empujan ventanas y alumbran caminos de parto continuo. Incesante milagro que no necesita creer ciegamente porque tiene ojos y piel en guardia.

Cordero divino que viste a los lirios del campo, soñamos que estamos desnudos y el pudor nos paraliza.

    No estalló mi fe para desempolvar mensajes sin idioma; hay explosiones que te cosen las alas. No volveré a usar trajes confeccionados con medidas de otras almas y agujas de papel.

Cordero divino que no lanza piedras a lo loco…

No estalló mi fe para acumular maná para mañana; hay incertidumbres como bocanadas de oxígeno puro. Hay certeza, hay descanso y hay libertad en la ignorancia consciente.


Cordero divino, me asusta más la virulencia agazapada en la sonrisa del borrego que la ferocidad del cielo. Cordero divino, que entra al templo de los mercaderes de la fe látigo en mano, hay rumores de que quieren secuestrarte… ¡más vale salir corriendo!

No estalló mi fe para dar respuestas con corbata; estalló mi fe para hacer preguntas en sandalias. Hay explosiones que te llevan de vuelta a casa.