A solas con la noche

Todo por crear.

Caer en la vigilia de los vivos

y en la desierta mañana aún no nacida

solo estamos solas cara a cara

la luna emborronada entre las nubes

difuminando mi lucha

y un estallar de plumas salvajes

frías y ligeras esparcidas

que dibujan en mi pecho alas

de besos derretidos

al sol de mi entusiasmo.

Todo por surgir.

Y la enredada vigilia de los vivos

calza mis pies que se deslizan

desnudos y silentes sobre el incierto

mutismo enloquecido de la noche.

.

Me puse guapa para ti

     Aquella mañana de sábado se maquilló más de lo acostumbrado, ¡la ocasión lo merecía!  Su pelo recién lavado y cuidadosamente recogido en un moño alto delataba la altura de sus ambiciones y esperanzas. ¡Esta vez nada ni nadie se interpondría entre ellos!

Miró con desprecio el teléfono móvil de él que reposaba sobre la mesita junto al sofá, lo cogió con disimulo, subió a su habitación, abrió la ventana y lo lanzó con todas sus fuerzas. ¡Listo!

—Hoy te quedarás jugando conmigo, papi. ¡Mira lo guapa que me he puesto para ti!

Al hijo desaparecido

Tu ausencia ya no te soporta,

las palabras no consuelan.

La música, cuchillas afiladas

en el desierto de mis venas.

Mis ojos son diluvio de cielo enfurecido.

La saña de este dolor

bebe la sangre que mi pulso pierde a raudales;

salta sobre la tumba, aún palpitante,

de un corazón que agoniza.

¡Arráncame de mí o vuelve!

¡Infamia! ¡Tormento desquiciado

que inhala mi aliento y abduce todo sentido!

Grito, alarido infernal que abrasa mi garganta

y enmudece al toparse

con el silencio vacío que has dejado.

Sola, muy sola sin ti.

Pozo sin final, intrincado laberinto

de sombras que se burlan.

Las palabras no consuelan ni saben decir.

¡Arráncame de mí o vuelve!

Regresarás

Regresarás

cuando todo vuelva a ser vacío.

Te harás hueco de nuevo

y buscarás tu fuente en mi verbena.

Hastiado de reojos,

querrás hundirte una vez más

en mi mirada.

Te harás pasos que redundan

para buscar los pies desnudos.

Querrás hacerme camino

que se estrena…

…Y para entonces

los relojes se habrán cansado

de retener el tiempo,

de ser el dique de tus caprichos.

Se harán cascada las agujas

de los tiempos,

cayendo sobre ti para aplastarte.

Inundará tus súplicas

mi balsa de dos remos,

que no querrá parar a socorrerte,

que irá corriente abajo

sin sonrisa.

Te haré apretar los dientes y los puños,

por no haber apretado mi cintura.

Caeré arrepentida en tu pecado

por no saber pecar como merezco.

Se hará pesada losa insoportable

la calma que hoy desplaza nuestros planes.

Tendrás días de cemento y añoranza,

se hará gris el verdor de mis pulmones.

Y yo respiraré con asistencia,

como siempre,

de sueños y esperanzas,

que no sabrás tejer tú sin mis dedos.

Y déjame avisarte,

ya no estaré cuando regreses.

Y déjate avisar sin más rodeos…

Regresarás.

Canción de despedida

Brindo con café por lo breves que fuimos,

por el poso que dejaste en mi memoria,

por aquel vuelo interminable en el que

nuestras canciones y tú erais mi único

equipaje…

Por el adiós que nunca nos dijimos.

Una tarde de café
le robó el sueño a tu noche,
cargada de ausencias.

Canciones como fantasmas,
acordes en pena vagando sobre tus cuerdas.
Rimas errantes buscando descanso eterno.

Cama con espinas,

luna de tequila y musas con resaca.

Diste a luz aquella noche

el principio del final,

ataste tu nudo a mi garganta.

Fuimos solo un relato inacabado,

risas de cafeína en tazas rotas.
Mi voz servida en tu guitarra,

un rato que acaba pronto

y no muere nunca.

Tu canción de despedida escrita
en mis ganas de quedarme

un abrazo con puntos suspensivos.

La elocuencia del silencio

Quiero hacerme silencio,

la caricia de la brisa esquiva.

Sutil fragancia

de jazmines y azahares

quiero ser.

Melodía en sordina

de una nana a medianoche.

El sonido del rocío

al caer sobre la hierba;

arpegio que arrancan

los dedos del viento

a una tela de araña.

Quiero hacerme verdad

que no se predica;

eterna huella sobre  barro

de tiempo inmortal

que grita en voz desnuda

la elocuencia del silencio.

Teoría

Qué bonica la teoría, tan estructuradita ella; con sus puntos, sus comas, sus párrafos separados por espacios, su esmerada caligrafía.
Qué elocuentes los consejos cargados de buenas intenciones y palmaditas en la espalda (¡sí se puede!).
¡Da gusto!
Qué puñalada trapera la práctica… ¡Ay la práctica! Plagada de tachones, incoherencias gramaticales y desaguisados semánticos. Nada de releer ante la duda, te llevas el bofetón antes de que reacciones.
Sin tiempo para consultar el manual o preguntar al sabio consejero, te ves a solas con esas monísimas vocecitas enfrentadas sobre cada uno de tus hombros.
Aun así, mejor practicar con una buena base teórica. Al fin y al cabo la improvisación se alimenta de todo lo que encuentra dentro de nosotros.